En España hay gitanos aportando su esfuerzo en todas las actividades económicas y profesionales; los hay médicos, abogados, profesores, empresarios, obreros cualificados, artistas, etc. Sin embargo, el estereotipo o imagen común que se proyecta desde todos los medios, sigue siendo incomprensible el del gitano indigente y analfabeto, cuando no delincuente.
Así nos encontramos que para el común de la ciudadanía es incomprensible la existencia de gitanos que no respondan a los estereotipos establecidos. De tal forma que el peso de esa imagen es el principal obstáculo que nos encontramos para poder desenvolvernos en nuestra vida cotidiana. La sociedad nos exige tener que demostrar lo que a los demás se les supone, esto es, la honestidad, la laboriosidad y la cualificación profesional y humana. Y lo peor de todo es que rara vez se nos da la oportunidad de demostrarlo.
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