Breivik, que ha ha reconocido tanto haber colocado el coche bomba en Oslo como haber tiroteado a los jóvenes de la isla de Utoya, estará sometido a cuatro semanas de aislamiento total en prisión, durante las cuales no podrá ni leer periódicos ni recibir visitas o cartas, tan solo podrá reunirse con su abogado.
El autor de la masacre del pasado viernes, que hasta ahora había mantenido que actuó solo, ha admitido que su organización cuenta con dos grupos más de colaboradores.
"Las declaraciones que ha realizado el acusado hoy precisan de investigaciones adicionales, incluyendo lo de que 'hay dos células más en nuestra organización'", ha señalado el juez Kim Heger.
Tranquilo y en apariencia "nada afectado" por su brutal matanza, Breivik ha asegurado estar preparado para pasar el resto de su vida en prisión, según ha informado la policía.
En Polonia, la policía investiga un posible vínculo con el detenido y este país, donde al parecer Breivik habría comprado los fertilizantes. Varias fuentes hablaban de un posible detenido, pero la policía polaca ha desmentido esta información y ha asegurado cualquier producto que comprase allí era legal.
El ultraderechista e islamófobo, como él mismo se define, ha afirmado ante los tribunales que actuó "para salvar a Occidente de los musulmanes".
La expectación ante el Tribunal de Oslo ha sido máxima durante toda la mañana. Entre fuertes medidas de seguridad tanto periodistas como curiosos se han concentrado para ver la llegada de Breivik.
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