Estaba predestinada a ser la esposa de un rabino, pero lo pensó mejor y decidió estudiar para llegar a serlo ella misma. El camino no ha sido fácil, pero ha merecido la pena. Ahora Naamah Kelman, la primera mujer ordenada rabina en Israel, representa la cara más amable y liberal de un credo tradicionalmente machista.
No pensábamos que la estricta religión de la Torá diera para tanta vanguardia y color, que entre sus filas militaran mujeres con tan abierto pensamiento. La alegre e informal apariencia de Naamah Kelman la podría situar más en el ámbito acuariano que en el de la antigua religión del Libro. Su singular gorro o kipá judío pone una nota añadida de cercanía. Su discurso tampoco se atiene a ortodoxias. El lenguaje profético tradicional revive en sus labios: “Renovemos la creación cada día; acerquemos la redención de todas las maneras posibles”. La kipá tiene un fuerte arraigo en la tradición judía. Uno de sus significados es la aceptación de que hay “algo” o “alguien” por encima de nosotros que nos observa y nos juzga. Al cubrirse Kelman con su kipá de colores, probablemente esté restándole temor a su Yahvé y vistiéndolo de renovada fe y esperanza. Se la coloca con gusto cuando la invitamos a hacerlo para que pose para las fotos de rigor.
RUPTURA CON LA TRADICIÓN
Pero ni la kipá ni el sombrero o el shtraiml hacen al rabino. Sí, por el contrario, una gran fe y un total de ocho años de estudios. Naamah Kelman fue la primera mujer que pasó este trámite en su país y se ordenó rabina.En muchos aspectos se sale de los cánones de su credo; sin embargo, en lo fundamental guarda la compostura y los preceptos. Su curriculum no da lugar a equívocos: es miembro del Movimiento Reformista Judío, decana del Hebrew Union Collage de Jerusalén y directora de la yeshiva (escuela de judaísmo) liberal Beit Midrash. Recientemente ha sido designada miembro del Consejo Religioso de Jerusalén, una organización dominada por rabinos ortodoxos. No estamos por tanto ante una advenediza. Desde pequeña bebió de las fuentes. Las diez generaciones que la precedieron han mantenido una estricta pauta por la que los varones se convertían en rabinos y las mujeres en esposas de rabinos. Pero ella rompió la tradición. No salió al encuentro del obligado rabino, sino que llegó a serlo ella misma.
–¿Qué dificultades encontró cuando decidió ordenarse rabina?
Con mi historia familiar, convertirme en rabina era algo casi biológico para mí. La revolución feminista acercó mi sueño. Contábamos con el apoyo de los liberales judíos, que siempre han estado a favor de políticas igualitarias. Saben que la figura del rabino no depende del género.
–¿Cuál es la situación de la mujer en la cultura judía?
Vamos superando poco a poco los tiempos de la marginación y con ello impregnando de renovada energía el judaísmo de nuestros días. Ocupamos puestos de liderazgo y cada vez hay más mujeres implicadas en el estudio y en la interpretación de los textos sagrados. Todo ello ha posibilitado una gran regeneración de nuestra religión. El judaísmo necesitaba la energía femenina.
–¿Más allá del estudio, en qué cuestiones intervienen?
Hemos empezado a tomar parte en los rituales, que hasta ahora estaban reservados a los hombres. Y ahora somos también orantes. Antes la oración era básicamente un rol de los hombres: se rezaba a un Dios masculino. Hoy no es que nos dirijamos a un Dios femenino, pero estamos cambiando el lenguaje del rezo. Ahora es más inclusivo.
–¿Aceptan la interpretación que hasta ahora se ha hecho de sus textos sagrados?
Sí, pero traemos una perspectiva femenina. Hasta el presente había un monopolio de interpretación masculina. Éramos ignoradas y con ello también la energía que podíamos aportar. Hoy en día estamos experimentando con todo esto y los resultados son aún inciertos.
LA RESPUESTA DEL ESTABLISHMENT
En el judaísmo clásico no existía una casta especial de rabinos. Esto es algo que trajeron los judíos británicos con la constitución del Estado de Israel. Los rabinos instalados en esa autoridad ignoran las reformas promovidas por los liberales y, aunque no condenan específicamente a las mujeres rabinas, sí lo hacen con todo tipo de cambios en general. Intentan detener estos cambios necesarios a golpe de ley.
–¿A qué cree usted que se debe la pujanza del judaísmo más liberal?
Cada vez hay más gente que desea formas más igualitarias de funcionamiento. Se buscan mujeres líderes, se va al encuentro de los rabinos más acordes a un pensamiento moderno... Ello amenaza a la autoridad más ortodoxa.
–¿Contribuye también el hecho de que el materialismo esté retrocediendo?
Sí. Cada vez más personas buscan nuevos significados a su vida. Desean conectar un pasado de leyenda con un futuro de liberación y esperanza, de amor y compasión. La religión judía puede responder a esa demanda. Tenemos raíces antiguas y nuestra religión es eterna.
–¿Una luz que no se extingue?
El judaísmo se sustenta en verdades que no envejecen. Ello conlleva el compromiso con una luz que hay que alimentar, una llama que hemos de avivar continuamente para que permanezca viva. Y, paradójicamente, somos grupos como las mujeres o el movimiento gay los que nutrimos esa llama permanentemente.
¿Es la Naturaleza importante en sus rituales?
Sí, en ellos la Naturaleza y sus ciclos cobran gran importancia. En el judaísmo tenemos rituales para cada una de las estaciones. En estas celebraciones, de gran elevación y belleza, cobran especial importancia elementos como las plantas, las flores o los árboles.
–¿Estamos hablando de un judaísmo ecologista?
En el ritmo natural del calendario que promueve el judaísmo la gente puede encontrar el sentido de la vida que busca. Ésta es una aportación de la corriente liberal. Alentamos la participación en la recreación constante que implica el ritual. Todo ello nos eleva en santidad, en pureza.
PAZ POR TERRITORIOS
Inevitablemente, en el curso de la conversación afloran temas más mundanos. De acuerdo con su principios progresistas, Naamah Kelman es partidaria de la consigna “paz por territorios”, es decir, de que Israel ceda tierras a los palestinos para asegurar el futuro y la seguridad de ambos. Piensa incluso que es necesario compartir Jerusalén, pero es consciente de que su opinión es minoritaria. Se lamenta de que los extremistas de ambos lados sean utilizados para etiquetar al conjunto. Cree en el potencial unificador de los místicos de las diferentes tradiciones y no oculta su simpatía por el yoga y por el budismo. Sonríe cuando le preguntamos por la moda de la Cábala. El nombre de Madonna, presunta estudiosa de este conocimiento, provoca una expresión picarona en los labios de Kelman. No ve con malos ojos la moda de interesarse por esta ciencia judía, pero deja bien claro que su estudio es más profundo de lo que parece... Se manifiesta preocupada no sólo por la situación que vive su país, sino por la que atraviesa el mundo en general. Siente que la escalada de acontecimientos es aterradora “la tecnología ha desatado fuerzas de sanación y de destrucción como nunca antes”, dice– y explica que estamos necesitados de la gracia de Dios. Naamah Kelman retorna al murmullo de la sala de un congreso interreligioso donde la hemos conocido. Desde la tribuna seguirá defendiendo la imagen del Yahvé más amable y amoroso que nunca habríamos imaginado. Ministras de Yahvé
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